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Este viernes se estrena "El buen maestro", cine francés que recoge con toques de humor los problemas de un maestro.

El francés Olivier Ayache-Vidal ha elegido para debutar en el largometraje una historia "amable", en sintonía con su espíritu optimista, con la que quiere rescatar la idea de "aquel profesor que todos tuvimos y nos hizo amar el colegio".

Es "El buen maestro", una comedia "humanista", dice en una entrevista con Efe realizada en Madrid, que viene cargada de guiños al cine "de instituto", que va de "El club de los poetas muertos" a la más cercana "La clase", del también francés Laurent Cantet.

"En Francia no tenemos problema con el dinero, medios hay; de hecho, en la película se ve que el colegio es fantástico, dispone de todos los medios y hay una ratio de 24 alumnos por aula; no -insiste-, el problema es que los profesores que se envían a los sitios más difíciles no están formados".

Reconoce que la educación es un problema muy complejo en cualquier país, y más en Francia, donde la población joven está cambiando a pasos agigantados mientras los profesores no evolucionan al mismo ritmo."Todo el mundo recuerda un buen profesor en su historia que le hizo amar el colegio", apunta el director de esta cinta, que se estrena este viernes 13 de abril en España.

Y ese profesor es François Focault (Denis Podalydes), catedrático de Lengua y Literatura en un instituto pijo de París, famoso por no pasarle una a sus alumnos; soltero, sus más de cuarenta años han estado marcados por la disciplina de un padre modélico, además brillante escritor. Una casualidad le sitúa en la tesitura de poner en práctica sus teorías para mejorar la educación en los centros de la periferia, poblados de alumnos inmigrantes, que el sistema deja en manos de maestros inexpertos que no saben enseñar con autoridad.

Con la excusa de hacer un informe ministerial, el profesor se sumerge en la vida de sus alumnos a los que agita hasta llevarlos a su terreno; el lenguaje, los clásicos, la cultura, pasan, por arte de la dedicación de un maestro, a formar parte de la vida de los chicos de los suburbios.

Ayache-Vidal viene del campo de la publicidad y del reporterismo gráfico; su currículo le sitúa varios años en China, donde produjo una versión del Cascanueces con artistas del Circo Nacional de China, y luego hizo un corto, "Welcome to China" (2013), antes de ponerse a investigar el sistema educativo por "puro interés propio". "Es que tengo hijos adolescentes y me preocupa que no se resalte la importancia de la educación para elevar una sociedad", comenta con Efe. Y para que se entienda bien, agrega, nada mejor que una comedia que refleje "el humor, la alegría, la vida" que hay en los institutos.

"Hago cine como hacía mis reportajes, sin conocimientos previos, descubriendo los temas de los que hablo. Con la educación ha sido igual, he puesto una mirada externa y esa observación me permite ver más fácilmente lo que funciona y lo que no", considera.

Después de "vivir" dos años entre alumnos y profesores franceses del extrarradio, Ayache-Vidal optó por dar los principales papeles a los propios alumnos de un centro público de Stains, al norte de la capital, si bien con la red impagable de un actor miembro de la Comédie Française, Denis Podalydes.

Cuenta que grabó casi una película paralela con las historias de los chicos y chicas contadas por ellos mismos -que no entró en el metraje final por proteger sus intimidades- pero aquello solo le reafirmó en la idea de que "esta era la película de François". "Lo que cuento es lo que vi", afirma, "no existe el alumno malo si se le dedica el tiempo preciso. Si se les escucha, la cosa cambia".

"Me gustaría que se dijera de 'El buen profesor' que es una película humanista, donde lo importante son las relaciones entre las personas, sin juzgar, pero removiendo un poco las conciencias para abrir un debate", concluye.