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Isaac canta los números y su hermana Aroa los premios en uno de los ensayos de la lotería de Navidad de este año, mientras atienden las indicaciones de uno de sus educadores, Pedro Vázquez: "¡Con ganas y con fuerza y un poco más rápido!".

Son dos de los veinte niños seleccionados este año de la Residencia Internado San Ildefonso, once chicos y nueve chicas de entre 9 y 13 años. Unos son nuevos, otros repiten, pero todos quieren dar el Gordo, según confiesan.

Hoy no hay bombos ni un salón abarrotado de público variopinto, pero sí medios de comunicación en el salón de actos de la residencia interesados en saber cómo se preparan los muchachos y qué sienten.

Algunos son ya veteranos, como William, de 13 años, que extrajo el primer premio en 2015: "Me emocioné y me puse muy alegre", recuerda.

Le gustaría sacarlo siempre, aunque ese es un día de nervios, según reconoce. Este será su cuarto sorteo de Navidad.

Josué, de 11 años, que cantará los premios en esta ocasión, comenta que, aparte de los ensayos después de las clases, está evitando tomar alimentos fríos.

El año pasado ya cantó un premio de 60.000 euros. Fue una sensación de alegría y algo de nervios. Los nuevos le preguntan por su experiencia y cómo afrontar la situación con tranquilidad.

Breilyn, de 11 años, que extraerá los números o los premios, pues aún no sabe, afronta su primera lotería de Navidad contenta y emocionada y su mayor ilusión sería el Gordo. "No quiero equivocarme", señala a la prensa llena de responsabilidad.

Pero aunque hoy son conocidos como "los niños de la lotería", el día de mañana querrían ser policías, como William y Breilyn, o estudiar Informática, como Josué.

La preparación para el sorteo empieza en octubre y se prolonga durante noviembre y diciembre; se comienza por seleccionar a los muchachos según sus voces para combinar las parejas, aunque también se tiene en cuenta su comportamiento durante el año. La intensidad de los ensayos es progresiva.

"Los intentamos motivar, no podemos infundirles tensión", explica Manuel Martín, uno de los educadores que forman a los niños para este sorteo y los de todo el año, como también hacen José Luis Rodríguez y Asunción Gómez.

Los temores de los menores son quedarse en blanco o sin voz, pero luego todo sale bastante bien, explica Martín.

Y mientras tanto, los muchachos siguen cantando las bolas que otros extraen de unos saquitos y depositan en unos cuencos.

"Tenéis que echar la bola más rápido porque, si no, se pierde el ritmo. Los que extraen son tan importantes como los que cantan", los alecciona Vázquez.

Cuando canten el Gordo se tiene que notar el cambio de entonación. "Con muchas ganas. ¡Venga, que es un premio!", los anima.

Y así lo cantan una y otra vez: el brazo derecho alzado en un ángulo de 90 grados sujetando la bola; el izquierdo, a la espalda, y la mirada, al frente.