Vídeo: Juan Luis Álvarez | Foto:Telemadrid
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Os proponemos vivir de cerca la historia de Tonya Harding, la que fuera la mujer más odiada de Estados Unidos, después de haber sido una de las más queridas. Como una patinadora olímpica de abierta sonrisa y cursi hasta el infinito y más allá se vio enredada en una conspiración de puñalada trapera en la que hubo patosos matones a sueldo, maridos/ representantes con la mano muy larga, guardaespaldas que no se sabe si vienen o si van y hasta una madre con más trastienda que el bazar chino de la esquina, es el misterio que os proponemos desentrañar juntos.

Partamos de la base de la que lo único que le salió bien en la vida fue su habilidad para realizar piruetas artísticas que las demás no podían hacer. Nacida en uno de los barrios más pobres de Portland en un familia desestructurada, sus trajecitos hechos en casa por mamá, que eran el hazmerreír de la competición, sus pelucas machacadas con cerveza para tener ese aspecto de permanente crujiente tan de los 80, y su pasión por músicas del momento para acompañar sus intervenciones de dudoso gusto la convirtió en todo un personaje rápidamente. Lo que hizo para caer en desgracia no lo podemos contar pero la frase “Hacerse un Tonya Harding’’ ha aparecido desde en un discurso de Obama, hasta en un capítulo de los Simpsons.

“Yo, Tonya” fue llevada a la gran pantalla por Craig Gillespie, y la mezcla entre comedia y drama le salió perfecta. Es muy fuerte todo lo que le ocurre a Tonya por su mala cabeza, pero muy divertido ver las conclusiones que saca de sus enredos. La película que se realizó en tan solo 30 días, en diversas localizaciones reales de Atlanta, recibió excelentes críticas en todo el mundo y recaudó cinco veces lo que costó.

Fue un prodigio en cuanto a ambientación y vestuario, ya sabéis que a veces los años más cercanos son los más difíciles de recrear, y fue candidata a tres premios Oscar: Mejor montaje, mejor actriz protagonista, la Robbie que pese a su empeño y a un durísimo entrenamiento no pudo llegar al nivel de pirueta de la Tonya original, y mejor actriz secundaria.

Allison Janney, la mejor jefa de prensa que jamás tuvo la Casa Blanca, lo consiguió por su cruel retrato de una mamá terrorífica, que desde los 4 años machaca a la niña para que consiga el triunfo que ella nunca pudo ni olisquear. Su personaje no dudó nunca en llamarla ‘’fea, gorda y fracasada’’ en público y en golpearla en la pista de patinaje y hasta la prohibió ir al baño cuando entrenaba. Fue la única que no quiso entrevistarse con los actores del filme. Tanto la Tonya real como el que fuera su marido Jeff, que interpreta Sebastian Stan, el célebre “Soldado de invierno”, vengador de brazo de hierro, se prestaron a ello.

La historia supuso un espaldarazo definitivo en la carrera de Margot Robbie

Una de esas actrices prodigiosas de enorme carisma que igual interpreta a una gamberra imposible de soportar que a una ingenua que no parece haber roto un plato en su vida – como en la serie Pan-Am que la dio a conocer -, o a una irresistible femme fatale. Hollywood le abrió las puertas cuando le plantó cara a Di Caprio siendo una recién llegada sin achantarse lo más mínimo. La nueva musa de Tarantino parece estar en su mejor momento. Y una nueva candidatura al Oscar por interpretar a la asesinada Sharon Tate parece que no se la quita nadie.

Argumento: Década de 1990. Tonya Harding es una prometedora patinadora sobre hielo estadounidense, una joven de clase obrera, siempre bajo la sombra de su implacable e insensible madre, pero con un talento innato capaz de hacer un triple axel en competición. En 1994, su principal rival para los Juegos Olímpicos de Invierno es su compatriota Nancy Kerrigan, a la que, poco antes de los Juegos, un matón a sueldo la golpea la rodilla con una barra de hierro. Las sospechas recayeron en el entorno de Tonya, lo que supuso el comienzo del fin de su carrera.