La gripe aviar, una amenaza real que ya mata aves y mamíferos en la Antártida
La investigación realizada por el CSIC es la más completa hecha hasta ahora sobre el H5N1 en tierras polares
Científicos del CSIC investigando el contagio del virus de la gripe aviar en la Antártida |CSIC
REDACCIÓN
La gripe aviar es una de las amenaza potenciales para la salud humana. Pero los casos de contagios, raros, se han limitado a personas en contacto directo con animales infectados, principalmente en granjas de cría expuestas al contacto con ejemplares silvestres.
Incluso se ha descrito un caso de infección en humanos a través de ganado previamente contagiado por aves portadoras del patógeno
Así pues, estudiar el virus, su evolución, propagación o capacidad de infectar es crucial. El salto de las aves a los mamíferos ya es una realidad. Tras los estragos de la pandemia de SARS-CoV-2, de la que se cumplen 5 años, nadie quiere otra crisis sanitaria como aquella.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desarrollado una campaña de estudio en la Antártida. Un laboratorio natural con unas condiciones que permiten investigar este virus y prevenir su extensión más allá del continente helado.
La expedición científica CSIC-UNESPA ha presentado el informe más completo hasta la fecha sobre la dispersión del virus de la gripe aviar altamente patogénica (HPAI H5N1) en la Antártida.
AVES Y MAMÍFEROS
Los resultados de la campaña muestran la presencia de H5N1, una cepa altamente patogénica del virus de la gripe aviar, en 188 animales de 13 especies distintas analizados en 24 localizaciones del mar de Weddell y la península antártica occidental.
El informe presentado muestra que las especies animales con presencia del patógeno comprenden nueve tipos de aves, como los pingüinos de Adelia, barbijo y papúa, cormoranes antárticos, gaviotas o skuas (págalos); y cuatro mamíferos, como el lobo antártico y las focas cangrejera, de Weddell y leopardo.
“En muchos casos, la carga viral en los animales muertos era muy alta, lo que indica un riesgo de exposición al virus en la zona cercana a los cadáveres”
El estudio, explica el informe, se ha realizado tanto en individuos vivos como en cadáveres de diferentes especies, encontrando, en estos últimos, la presencia del virus en el 50% de los casos analizados.
“En muchos casos, la carga viral en los animales muertos era muy alta, lo que indica un riesgo de exposición al virus en la zona cercana a los cadáveres”, describe el investigador Antonio Alcamí.
En el análisis de ejemplares vivos, los investigadores e investigadoras han demostrado la validez del muestreo de aire para detectar el virus sin necesidad de manipular animales.
Esta metodología consiste en la recolección de muestras de aire con una bomba conectada a un filtro de nanofibras para, posteriormente, realizar pruebas PCR en el filtro que permiten confirmar la detección del virus.
Según señala Alcamí, los datos recogidos por la expedición servirán a los programas polares nacionales y a los buques turísticos para estar preparados y plantear medidas orientadas a evitar la transmisión de la infección por medios humanos y, sobre todo, el contagio de las personas.