El Partido de las Nueve 27.01.2020

El 27 de enero es un día para el recuerdo y también para celebrar cómo la vida y el deporte pueden brotar incluso sobre la tierra quemada.

Se cumplen 75 años de la liberación de Auschwitz y del fin del Holocausto. Deporte y la memoria son dos ejercicios necesarios. También en el infierno rodó una pelota. En Auschwitz fueron asesinadas más de un millón de personas, el 90% eran judías. En ese matadero nazi también se jugó al fútbol.

José Ignacio Pérez lo documenta en un magnífico reportaje publicado en Marca titulado Yo jugué al fútbol en Auschwitz, que ha ganado varios premios.

Era un fútbol que se jugaba sin fuerzas y que también podía costar la vida. "Los nazis no solían jugar porque no toleraban que otras razas les ganase. Había prisioneros que marchaban al crematorio mientras otros jugaban".

Cuenta Ron Jones en su libro El portero de Auschwitz que trabajaba durante doce horas al día toda la semana excepto los domingos. Ese día presos disputaban un torneo con equipaciones que cedía la Cruz Roja. Escribe que "los nazis nos dejaban jugar para mantenernos tranquilos. El fútbol era una desconexión del horror que nos daba esperanza. Marcar un gol, hacer una parada o algo similar te llenaba de forma que no te volvieses loco".

En Bierkenau el campo de fútbol estaba al lado del crematorio y mientras unos jugaban otros iban literalmente camino de la muerte. Su última visión seguramente era la de un partido de fútbol. Muchos jóvenes judíos hoy son deportistas que se citan en las Macabiadas.

Los Juegos Macabeos son uno de los mayores eventos deportivos que se organizan en el mundo. En ellos participan miles de deportistas hebreos de todas las disciplinas, incluidos algunos de los mejores de todos los tiempos, como Mark Spitz (siete oros en los Juegos de Múnich).

La última edición se ha celebrado en Hungría y el abanderado español ha sido Juan Carlos Sanz Briz, el hijo del Ángel de Budapest, el llamado Schindler español.

Supervivientes

Schindler salvó del holocausto a 1.000 judíos del gueto de Cracovia. El Ángel de Budapest arriesgó su vida para que más de 5.000 judíos húngaros no perdieran la suya: "Mi padre no era judío, pero hizo todo lo posible para salvar a 5.200 judíos".

75 años después algunos supervivientes o sus descendientes han podido conocer a su hijo gracias a las Macabiadas. Incluso una deportista del equipo español es la nieta de una de las judías húngaras que Sanz Briz logró salvar de la "solución final".

Hemos hablado en directo con el hijo del Angel de Budapest y han visitado nuestro estudio algunos de los miembros de la delegación española que han desfilado bajo su bandera. Diego Lerner, presidente de Maccabi España, Kevin Estiz, director general y participante en los Juegos, y Jacob Isaac Fereres, deportista con experiencia en varias ediciones.

En un día tan significativo hemos tenido la oportunidad de hablar con Ita Bartuv, superviviente del Holocausto. Ita era una niña normal de una familia normal, pero el horror le abocó a vivir de forma extraordinaria.

Vivía en Skopje, la capital de la actual Macedonia del Norte, hasta que en marzo de 1943 los nazis dan la orden de encarcelar a toda la población judía de la ciudad. Un día antes toda la familia se esconde en el armario de un taller de costura.

La familia es descubierta y encarcelada en Kosovo pero finalmente logra escapar a Albania haciéndose pasar por musulmana: "Recuerdo a mis padres como personas no felices. Toda la parte sentimental de sus vidas se cerró para siempre después de la guerra. Nunca nos besaron. Pero yo les entendí".

La luz del deporte encendida

El Partido de las Nueve se suma a la conmemoración del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Mantenemos la luz del deporte encendida y colocamos al lado una piedra en memoria de todos los que un su día lo sufrieron y de todos los que hoy siguen siendo víctimas de cualquier persecución.